El proyecto de grupo de la comunidad
gay de conformar una cooperativa de viviendas en la Ciudad Vieja fue
apoyado por la Intendencia de Montevideo pero desató la polémica.
Autosegregación, gueto, barbaridad, son los argumentos de un lado;
autoprotección, solidaridad y lucha contra la soledad, los del otro.

Fue la idea de una vejez visitada por la
soledad la que llevó a los amigos a concretar el proyecto de vivir
juntos, integrándose al sistema cooperativo por ayuda mutua para
construir sus casas. “No se habla mucho, pero la vejez de los gays está
muy ligada a la soledad, al abandono. ¿Qué mejor que cuidarnos entre
nosotros?”, se preguntó Marcelo Otero, uno de los cooperativistas,
mientras contaba a Brecha cómo se gestó el proyecto. Lo curioso, y en lo
que no parece haber reparado ninguna de las voces que alzaron su
preocupación, es que gente que hoy tiene entre 22 y 45 años sienta la
soledad como horizonte casi inexorable, y que ese sea su motor de
acción. Ante esa situación “pensábamos cómo cuidarnos solidariamente.
Dijimos de alquilar una casona, después dijimos por qué no una
cooperativa. Como en todas las cooperativas, se tiene algo en común. En
algunas se agrupan por su trabajo, en otras porque son mujeres jefas de
familia, en otras porque son afrodescendientes; en este caso la mayoría
somos activistas de la diversidad sexual”.
En un país como Uruguay, donde el cooperativismo de vivienda da solución
habitacional a cientos de miles de personas, ninguno imaginó que los
diez apartamentos que pretenden levantar en la Ciudad Vieja pudieran
llegar a los titulares de diarios, y a que esto fuera considerado por el
legislador nacionalista José Carlos Cardoso como una
peligrosa forma de discriminación: aquella que, oculta tras el discurso
integrador, se vuelve contra sus enunciantes no haciendo más que
reforzar la idea de exclusión.
El 26 de julio, el mismo día que la Junta Departamental de Montevideo
decidió la enajenación de un predio para la cooperativa, el diputado
dedicó varios de sus twits al asunto. Entre ellos: “Vendrán luego las
Cooperativas de negros?, swinguer? heterosexuales? que barbaridad la
idea de cooperativa de edificio para homsexuales!!!”. “La cooperativa de
vivienda para homosexuales es violatoria de los derechos humanos
fundamentales. Espero que algún Fiscal actúe de oficio.” “Cooperativa de
viviendas para homosexuales crea un blanco fácil de atacar para los
xenofóbicos. Les ofrece el lugar donde insultar, agredir.” “a quien se
le puede ocurrir agrupar a la gente de acurdo a su opción sexual?
Ayudarlos con la vivienda si, agruparlos no!!!” (Se respetan la
ortografía y la gramática originales.)
¡DISPÉRSESE! La cooperativa lleva por nombre 28 de Junio, que es el Día
Internacional del Orgullo Gay. Quizá por su propia militancia, y
conociendo “las características del barrio, donde son varios los grupos
discriminados”, Otero explica que decidieron que el salón comunal
oficiara de espacio abierto a la comunidad “para dar charlas sobre
discriminación, hacer talleres, abrirlo al barrio”. A la Intendencia el
proyecto le resultó interesante, y en una resolución de 2005 (4167/05)
dio el visto bueno a la venta de un predio municipal en la Ciudad Vieja
para construir el edificio. Las autoridades de entonces entendieron que
la decisión iba en sintonía con varios objetivos del gobierno
departamental. Entre ellos: “fomentar la permanencia y/o reinserción de
núcleos familiares en áreas centrales”, y la “promoción de la no
discriminación de grupos y personas homosexuales, así como la
realización de múltiples actividades de discusión, difusión y
celebración por parte de grupos activistas en diversidad sexual”. El
apoyo también “habilita que la experiencia adquirida por este grupo
pueda ser trasmitida a todos aquellos que lo requieran, con la finalidad
de que esta experiencia no se agote en sí misma y que sirva como
ejemplo a replicar en toda la comunidad lgttb (lesbianas, gays,
travestis, transexuales y bisexuales) tanto en Uruguay como en el resto
de América Latina”, sostiene la resolución municipal, que menciona el
visto bueno de la sección nacional de Amnistía Internacional así como el
de la Comisión Internacional de Derechos Humanos para Gays y Lesbianas
para estos emprendimientos.
Por Mariana Contreras - Semanario Brecha
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